
Hay días en los que la mejor ruta es la que no estaba prevista.
Todo empezó con una jornada de fondeo frente a la isla de Tabarca. La idea era disfrutar del día en uno de los rincones más bonitos de la costa de Santa Pola, aprovechando que todavía era viernes y no estaba tan concurrido como suele estar en pleno verano.

Pero, al caer la tarde, el plan cambió. En lugar de volver a casa, decidimos pasar la noche en puerto.
Llamamos por radio a Marina Miramar para preguntar si tenían un amarre disponible. Desde el primer momento nos atendieron de maravilla. Si no recuerdo mal, fue Carmen quien nos respondió por radio. Le comentamos que, si era posible, nos gustaría un amarre en una zona tranquila, alejada del movimiento del puerto, y enseguida nos asignó el D 126.
Antes de entrar, nos dijo algo muy sencillo:
“Podéis verlo en Portview.”
Abrimos la aplicación, buscamos el puerto, seleccionamos el amarre que nos habían comentado y, apareció el recorrido hasta nuestro finger.

En ese momento dejamos de preguntarnos dónde estaba exactamente el amarre o qué maniobra tendríamos que hacer al llegar. Pudimos ver la posición del finger, por qué calle debíamos acceder y cómo estaba orientado.
Puede parecer un detalle pequeño, pero no lo es cuando llegas de noche a un puerto que apenas conoces. Esa incertidumbre de no saber exactamente dónde está tu amarre desapareció antes de empezar la maniobra.
Entramos con mucha más tranquilidad y seguridad porque ya sabíamos exactamente hacia dónde íbamos.
Historias como la de Carmen, muestran el valor real del guiado al amarre.
Cuando un puerto asigna un amarre, el trabajo no termina ahí. El navegante todavía necesita localizarlo, comprender cómo acceder hasta el y preparar la maniobra de entrada.
Con Portview, esa información está disponible desde el primer momento. El navegante puede visualizar el recorrido hasta su amarre, anticipar la maniobra y llegar con mayor confianza, especialmente en puertos desconocidos, con poca visibilidad o cuando la llegada no estaba prevista.